Ciudad de México, México.- El asteroide 2024 YR4 sigue siendo un tema de gran preocupación para la comunidad astronómica mundial, tras las nuevas observaciones que han confirmado una probabilidad mucho menor de impacto contra la Tierra, pero que ahora han revelado un nuevo riesgo: la Luna.
Según los últimos cálculos, el asteroide tiene una probabilidad de colisión con la Tierra de una entre mil, pero la probabilidad de impacto lunar ha aumentado al 4%.
El asteroide 2024 YR4, de un tamaño estimado entre 46 y 74 metros de diámetro, fue descubierto en diciembre de 2024 y, tras su detección, la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN) emitió una primera notificación sobre su posible impacto el 29 de enero de 2025. Las primeras observaciones indicaron una probabilidad del 1.3% de que el asteroide colisionara con la Tierra el 22 de diciembre de 2032. 4
Esto colocó al asteroide en la escala de riesgo de Turín con un nivel 3 (de 0 a 10), lo que motivó una amplia campaña de observación internacional.
Investigadores de la Universidad de Helsinki, liderados por Zuri Gray y Grigori Fedorets, han sido clave en la obtención de datos más precisos, utilizando el Telescopio Óptico Nórdico (NOT) en La Palma, España. Estos esfuerzos permitieron realizar nuevas observaciones detalladas sobre la posición, rotación y tamaño del asteroide, lo que ayudó a afinar las predicciones sobre su futura trayectoria.
Impacto Lunar: nuevos riesgos identificados

A pesar de la reducción significativa de la probabilidad de impacto con la Tierra, que actualmente es inferior al 0.001%, los últimos datos han revelado un riesgo inesperado: un 4% de probabilidad de que el asteroide impacte contra la Luna. Aunque este riesgo sigue siendo relativamente bajo, las consecuencias de tal impacto podrían ser graves.
En caso de que 2024 YR4 colisione con la Luna, la eyección de material lunar al espacio podría generar una nube de escombros que amenazaría las infraestructuras y operaciones espaciales en el sistema Tierra-Luna. Esto incluye posibles interferencias con satélites, estaciones espaciales y otras misiones en la órbita lunar.
Karri Muinonen, profesor de la Academia, explicó que “si el asteroide impactara contra la Luna, las partículas desprendidas podrían afectar las operaciones espaciales humanas y la infraestructura en el sistema Tierra-Luna”.
Tecnología Avanzada: El James Webb al Rescate

El telescopio espacial James Webb, que recientemente observó el asteroide el 26 de marzo, ha sido crucial para obtener información más detallada sobre las características del objeto.
Este telescopio es el único capaz de medir la emisión térmica del asteroide, lo que permitió una estimación más precisa de su tamaño. Inicialmente, los cálculos se basaban en la observación de luz visible, lo cual dependía tanto del tamaño como de la reflectividad de la superficie del asteroide. Sin embargo, las observaciones infrarrojas del James Webb proporcionaron una medida directa del tamaño.
Eric MacLennan, miembro del equipo que analizó los datos infrarrojos, expresó:
“Después de un primer intento fallido en marzo, la transmisión exitosa de las imágenes fue un alivio. Esto permitió a los investigadores llegar a una estimación más precisa sobre el diámetro del asteroide”.
A pesar de la reducción del riesgo, los astrónomos seguirán monitoreando el asteroide hasta abril o mayo de 2025, cuando el 2024 YR4 deje de ser visible desde la Tierra hasta su próximo acercamiento en 2028.
A medida que los cálculos y observaciones sobre el 2024 YR4 continúan, la comunidad científica mundial sigue alerta. El asteroide sigue siendo una prioridad de observación, y los astrónomos seguirán utilizando telescopios terrestres y espaciales para rastrear su trayectoria y evaluar con mayor precisión los riesgos de impacto, tanto para la Tierra como para la Luna.
Si bien la probabilidad de un impacto con la Tierra sigue siendo extremadamente baja, el estudio de asteroides cercanos a nuestro planeta es crucial para la seguridad futura. Los datos obtenidos sobre el asteroide 2024 YR4 no solo permiten evaluar su riesgo actual, sino también prepararnos mejor ante futuros posibles impactos de asteroides y sus consecuencias, tanto para nuestro planeta como para el sistema Tierra-Luna.