Valle de Santiago, Gto. – Flor Liliana Ramírez García, madre de un niño con autismo, presentó ante la Secretaría de Educación una iniciativa de reforma a la Ley General de Educación para promover los derechos de las personas neurodivergentes en general. Es preocupante que en dicha ley se mencione la inclusión de personas con discapacidad, pero en ninguno de sus artículos se hace referencia al tema de las neurodivergencias.
“El sistema educativo sí maneja el tema de la inclusión, pero solo incluye a las personas con discapacidades. La lucha de las personas neurodivergentes es que sean también reconocidas, que se les dé el nombre correcto y que se conozca sobre las neurodivergencias. Hay varios tipos: trastorno del espectro autista, dislexia, discalculia, dispraxia, trastorno del aprendizaje, trastorno de ansiedad, superdotación, sinestesia, epilepsia, trastorno bipolar, trastorno múltiple de la personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo, síndrome de Tourette”, explicó Flor.
Flor detalló que la neurodivergencia se refiere a las personas que tienen un funcionamiento cerebral diferente al de la mayoría. Esto puede resultar en una variedad de habilidades, comportamientos y formas de procesar la información. “Es necesario ofrecer una educación inclusiva, adaptada a las diferentes formas de aprender y percibir el mundo”.

Agregó que la problemática radica en el desconocimiento sobre estos temas, los cuales deberían tener la debida importancia, ya que cada año aumenta el número de personas con alguna neurodivergencia. “En la actualidad, existe al menos un alumno con esta condición en todas las escuelas. Sin embargo, como no es algo físicamente visible, ya que es a nivel neuronal, la mayoría de las personas asumen que es algo inexistente, lo que provoca que no se le dé la importancia que merece, lo que genera exclusión, rechazo, acoso, bullying de quienes son neurodivergentes”.
Flor, por experiencia propia y tras realizar investigación, mencionó que los maestros de escuelas regulares no están adecuadamente capacitados para saber cómo incluir a los alumnos neurotípicos. Aunque existen cursos y protocolos sobre este tema, no son obligatorios, y la mayoría de los docentes no se capacitan en ello, ya que consideran que esa responsabilidad recae únicamente en los maestros de escuelas especiales o en los docentes de las USAER (Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular).
“Cuando un padre de familia solicita ser atendido para informar sobre la condición de su hijo o quiere manifestar alguna inconformidad debido a la exclusión, maltrato o discriminación en el sistema educativo regular, no se le da la importancia adecuada. Se les sugiere que cambien al alumno a una escuela de educación especial, sin realizar un diagnóstico o aplicar un protocolo de actuación que permita detectar esta problemática. Eso se llama exclusión. Se prefiere discriminar al alumno neurotípico e incluso rechazarlo, antes que capacitarse en estos temas. Sin embargo, un alumno neurodivergente es completamente apto para una escuela regular”.
Flor también mencionó que en su investigación, el neurólogo Emanuel Sarmiento, director del hospital psiquiátrico infantil, le dijo que no se recomienda que los niños neurodivergentes sean tratados en escuelas especiales, ya que no es conveniente. Lo ideal es que se integren a una escuela regular para que puedan ser más funcionales en otros aspectos de su vida.
La atención que brinda la Secretaría de Educación a través de los centros de atención múltiple (CAM) y las unidades de apoyo a la educación regular (USAER) está circunscrita al ámbito pedagógico y no al clínico. Es decir, las autoridades educativas y sanitarias no trabajan de manera conjunta para mejorar la calidad de vida de estos niños y adolescentes.

“Mi hijo tiene siete años y fue diagnosticado con autismo grado 2 funcional. Él asiste a una escuela regular que cuenta con un maestro USAER y está cursando el primer grado. Ha pasado siete meses desde que inició la educación primaria y durante este tiempo no ha recibido apoyo del maestro USAER. Su plan de estudios lo elaboró junto con el neurólogo de mi hijo y su maestra, quien tuvo la disposición y empatía para implementarlo, pero no porque el sistema educativo lo contemple de manera formal”.
Flor explicó que en enero de este año su hijo también fue diagnosticado con trastorno de ansiedad, situación que se deriva de la exclusión y rechazo por parte de sus compañeros en el salón de clases, lo que genera un alto nivel de estrés diario. Esto hace que su hijo manifieste con mayor intensidad comportamientos propios del autismo que antes tenía controlados, lo que ha requerido medicación tanto para el TEA como para el trastorno de ansiedad.
Según el neurólogo de su hijo, un 95% de los pacientes con alguna neurodivergencia experimentan dentro de las aulas rechazo, discriminación, etiquetas, bullying, acoso e incluso agresiones físicas. “Esto provoca que desarrollen trastornos depresivos, de ansiedad, y estrés postraumático. En muchos casos, los adolescentes, apoyados por sus padres, desertan del sistema educativo porque en lugar de ser una herramienta benéfica, la educación se convierte en un riesgo para su salud mental, incluso llegando a atentar contra su vida”.
Flor también comentó que el docente frente al grupo donde asiste su hijo le mencionó que, ante una crisis de su hijo, no sabe cómo reaccionar ni cómo apoyarlo, ya que no tiene las herramientas ni los conocimientos necesarios para manejar la situación. “Las personas neurodivergentes sufren diferentes crisis y los docentes no logran distinguirlas, lo que provoca que actúen con una llamada de atención en tono fuerte y enojado, lo que solo empeora la crisis, generando un ambiente de estrés tanto para el alumno como para el docente y sus compañeros”.
Subrayó que todas las problemáticas que enfrentan las personas neurodivergentes provienen de una sola causa: el desconocimiento. “En México no se educa a las personas sobre estos temas. Un claro ejemplo es que en la propia ley de educación no se menciona el nombre adecuado ni se les da el lugar que merecen, ya que como no es algo visible, lo consideran inexistente. La mejor forma de educar a la sociedad sobre este tema es a través de la enseñanza en las escuelas, desde la educación básica”.
Destacó que, con la educación adecuada sobre las neurodivergencias, se podrán identificar a muchos niños y adolescentes que aún no han sido diagnosticados. Esto permitirá comprender mejor a estas personas, empatizar con ellas, y canalizarlas si requieren algún tratamiento o terapia, para así lograr una inclusión exitosa en la sociedad.
Considera necesario que se implemente en el sistema educativo, así como en los libros de texto, la enseñanza sobre las neurodivergencias, ya que esto generaría un gran cambio social que beneficiaría tanto a las personas neurodivergentes como a sus cuidadores principales. También aboga por la capacitación obligatoria de los docentes en estos temas, para que puedan comprender y enseñar de la mejor manera a sus alumnos sobre qué es una neurodivergencia.
Propuesta:
- Contar con material didáctico sensorial para regular las emociones de los estudiantes neurodivergentes.
- Implementar protocolos en cada escuela sobre las neurodivergencias.
- Contar con un maestro USAER en cada escuela.
- Modificar las leyes de inclusión para que las neurodivergencias se clasifiquen correctamente y no se confundan con discapacidades, evitando la estigmatización.
Flor concluyó: “Es fundamental darles el nombre adecuado y priorizar la inclusión de las personas neurodivergentes para lograr un cambio social verdadero”.
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