Estamos acostumbrados a que, en los días de Semana Santa, la Iglesia Católica se dedique a los ritos propiciatorios de reflexión sobre el misterio de la muerte de Cristo, lo sucedido en el Calvario, la Soledad de la Virgen María con un tono de esperanza por lo que sucederá en el sepulcro al tercer día. No obstante, el Episcopado Mexicano deja rompe el silencio que dicta la prudencia de la Semana Mayor y hace escuchar las críticas sobre la estrategia de seguridad que asumió el gobierno de la 4T porque:
“Tanta muerte es un llamado a trabajar por la justicia y la seguridad”.
Así arrancan la conmemoración anual de la Pasión y Resurrección de Jesucristo. Con un comunicado que se publicó este Lunes Santo. En estricta justicia, hay que notar que no es un tono confrontativo, más bien tiene la intención de llamar a un diálogo nacional por la paz. Va en encaminado a buscar soluciones, a brindar esperanza y a trabajar en conjunto
Es momento de convocar y obtener una respuesta colectiva ante la violencia que nos afecta a todos y que llena de podredumbre el ambiente nacional. En la publicación, el Episcopado Mexicano se hace cargo de eventos que afectaron directamente a miembros activos de la comunidad. Comienza por el triste evento que nos dejó atónitos por lo absurdo del hecho y lo espeluznante de su desenlace: se refieren en primera instancia a los asesinatos de los sacerdotes jesuitas en Chihuahua: Javier Campos y Joaquín Mora, apenas en junio del año pasado y termina con la denuncia por la muerte de cuarenta migrantes en la estación migratoria de Ciudad Juárez, el pasado 27 de marzo que nos dejó sin aire. No podemos disimular ni hacernos de la vista gorda.
Es que lo único que hace falta es no querer ver el arco de sangre que se dibuja entre estos dos hechos que se conectan por la tragedia que es reflejo de una sociedad en la que el tejido social se está desintegrando. Tristemente, entre estos dos eventos, ha habido muchas muertes más. Han sido tantas que podríamos caer en la tentación de normalizarlas y eso sería el colmo de la podredumbre que debiéramos alcanzar. La propuesta de la Iglesia Mexicana es de tomarse en cuenta, más allá de credos y tradiciones religiosas porque opta por la unidad y no por la división. Parece que la convocatoria busca la restitución de la sociedad cohesionada en vez de Tanta muerte desgarrada. Llama a un encuentro en septiembre con la sociedad civil para crear una agenda nacional que responda a la creciente violencia.
No a todos les gusta que la Iglesia Católica eleve la voz y mucho menos que lo haga en contra del gobierno. Los aires juaristas se revuelven y buscan que los curas regresen al púlpito. Mejor, si se callan y no hacen ruido. Mucho mejor, si sólo se dedican a rezar y a pedir a Dios por el eterno descanso de los muertos y por un mejor destino para México. Pero del perímetro de las iglesias para adentro.
No obstante, que los obispos mexicanos eleven el tono resulta inevitable en medio de un clima la violencia estridente en México. El asesinato de los jesuitas el año pasado abrió una brecha con el Gobierno. Las autoridades eclesiásticas reclamaron un cambio en una política de seguridad. Consideran la estrategia como fallida y no son sólo ellos los que la valoran como un fracaso. Llamaron a celebrar misas en todo el país por los sacerdotes asesinados y el resto de las víctimas. Incluso, pequeñas marchas de feligreses y religiosos llegaron a la capital.
El comunicado de este Lunes Santo, en todo caso, da testimonio de que la Iglesia Católica está subiendo el volumen de la voz. Escala un paso más al llamar a distintos actores de la sociedad civil a un encuentro para definir posibles soluciones. Entiendo que haya quienes eleven las cejas y critiquen esta iniciativa; que no les guste ver que los curas hayan criticado el actuar de los Gobiernos de todos los niveles ante el control del crimen sobre distintos puntos del territorio mexicano. Pero, nadie puede negar que tienen un punto: hay que denunciar la incapacidad para frenar la violencia en el país. Tienen razón al asegurar que “El hecho de haber encontrado sin vida al principal responsable del asesinato de los jesuitas, muestra cómo los territorios son gobernados por economías criminales que han crecido ante el descuido del Gobierno en todos sus niveles, que el problema de inseguridad prevalece en la Sierra Tarahumara y en el país entero”.
“La violencia nos pone delante de Jesús Crucificado para denunciar toda injusticia humana… ante la irresponsable omisión de las autoridades”, finaliza el comunicado junto con el llamado a la sociedad civil para que esta Semana Santa sirva “para transformar tanta muerte en un llamado comunitario a trabajar por la paz”.
El que tenga oídos, que oiga.